Véase esta opinión como una mera sugerencia. No quisiera tener el poder de organizar la vida de las familias.
Si acudimos a los centros comerciales los fines de semana, nuestra atención estará puesta en el consumo y no tanto en nuestras relaciones intrafamiliares (más allá del «¡Cómpramelo! – ¡NO!»).
Sin embargo, si el entorno elegido es un museo, el foco estará puesto en el placer por conocer, por descubrir. El gusto por saber.
Si escogemos para el fin de semana un entorno natural, entenderemos que «La Tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a la Tierra». Además, nos centraremos en nosotros mismos, surgirán conflictos y oportunidades únicas para resolverlos y que no queden enquistados como puede ocurrir en un centro comercial, con miles de estímulos distractores.
Si el fin de semana visitamos a familiares será una maravillosa oportunidad de poner a prueba nuestras habilidades sociales, de manejar nuestras emociones, de reconstruir la historia de la familia, de percibirnos a nosotros mismos de una manera diferente a como acostumbramos a hacerlo.
Hornear un bizcocho, hacer una fiesta (siempre hay algo que celebrar), visitar una ciudad, hacer un deporte conjunto, ir al parque, implicarse en las actividades de las organizaciones vecinales o sociales, quedar con amigos/as, etc.
Las opciones en el fin de semana son muy diversas como para reducirlas a un único ocio programado por personas cuyo interés por nosotros no es otro más que obtener nuestro dinero.
