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Defensa de la juventud

Utilizando opiniones de antiguos pensadores podremos ver que los jóvenes a ojos de los adultos siempre parecerán que están empeorando nuestra especie; sin embargo, hoy y siempre defenderé a la juventud como esperanza y motor de cambio para un futuro mejor.

 

“Nuestra juventud gusta del lujo y es mal educada, no hace caso a las autoridades y no tiene el menor respeto por los de mayor edad. Nuestros hijos hoy son unos verdaderos tiranos. No se ponen en pie cuando entra una persona anciana. Responden a sus padres y son simplemente malos”

Sócrates (470-399 a. C.)

 

“Ya no tengo ninguna esperanza en el futuro de nuestro país, si la juventud de hoy toma mañana el poder, porque esta juventud es insoportable, a veces desenfrenada, simplemente horrible”

Hesíodo (720 a. C.)

 

“Nuestro mundo ha llegado a un punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos”

Sacerdote anónimo (2.000 a. C.)

 

“Esta juventud está malograda hasta el fondo de su corazón. Muchos jóvenes son malhechores y ociosos. Jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura”

Frase escrita en un recipiente de arcilla hallado en las ruinas de Babilonia (la actual Bagdad) (más allá del 2.000 a. C.)

 

Adjunto, a continuación, parte de dos artículos mío que abordan esta cuestión desde la Sexología. Fueron publicados en:

  • Jóvenes y sexualidad: nuevas perspectivas. Un monográfico de la revista Diálogos (ISSN 1136-5188), n.º 81 (septiembre 2010); p 5-31. 
  • La imagen de los jóvenes desde el mundo adulto. Un artículo en la revista científica Página abierta (ISSN 1132-8886) Nº. 211, 2010, pág. 26

 


 

“Mira, Juan, vamos para allá y te presento a Antonio.

He de decirte que es bastante rancio… para que no te lleves sorpresas”.

 

¿Qué hará Juan cuando conozca a Antonio?

 

Posiblemente no sonreirá tanto como lo suele hacer cuando conoce a alguien nuevo.

Puede que como respuesta Antonio tampoco sonría mucho.

Finalmente, es muy posible que Juan confirme la poca afabilidad de Antonio.

 

El poder de las expectativas puede ser muy grande, tanto que muchas veces se tratan de profecías que se autocumplen.

 

Como adultas y adultos hemos de hacernos una pregunta: ¿qué expectativa tengo yo sobre las y los adolescentes, las y los jóvenes?

 

Esas expectativas pueden influir muchísimo sobre el devenir de las interacciones que mantengamos con los y las jóvenes en la consulta, en el aula o en el hogar.

 

Como profesional podría tratarle como irresponsable, ya que es la segunda vez que viene a la consulta de planificación familiar a solicitar Anticoncepción de Emergencia.

–Hay jóvenes a los que se les rompe más de una vez el condón-.

 

Como educador sexual puedo dar por hecho que todos y todas en clase se han besado con alguien alguna vez.

-Hay adolescentes que ni siquiera han flirteado en su vida-

 

Como padre puedo instruir a mi pequeño hijo en las técnicas de ligar con chicas.

-Dando por hecho su heterosexualidad-.   

 

Valoramos apropiado actuar con capacidad crítica, sensatez e intentar maximizar la individualización de la intervención sanitaria, docente o/y educativa.

 

Esta individualización solo será posible si logramos superar la limitación mental que padecemos los humanos al necesitar utilizar categorías para entender la caótica realidad.

 

Obsérvese que los conceptos “adolescente” y “juventud” suelen ir acompañados de algunos sempiternos adjetivos: “juventud descarada”, “irresponsable”, “apática”, etc. Podremos observar este fenómeno en repetidas ocasiones en titulares de la prensa, de las noticias, etc.

Es curioso, porque de la fase adulta no se suelen usar adjetivos.

Parece que haya un acuerdo tácito de que en la fase adulta no se pueda generalizar.   

No será que es precisamente la población adulta la que redacta los artículos y elabora las noticias.

Quizá nos resulta más fácil generalizar sobre los demás que sobre el propio grupo social al que pertenecemos (rango de edad, país, convicción ideológica, etc.). Quizá sea porque nos conocemos y sabemos lo diferentes que somos unos de otros. Generalizamos y nos creamos expectativas sobre los demás debido a nuestra ignorancia.

Esta ignorancia solo se soluciona sumergiéndonos en la realidad diferente a la nuestra. De esta manera, si nos zambullimos entre los jóvenes encontraremos:

 

Adolescentes vestidas de colores, con cadenas o casi ni vestidas; otros con el pelo rojo, verde o sin pelo; con trenzas, liso o con cresta; jóvenes gustosos de alzar la palma o de levantar el puño, otros que lo que prefieren levantar es el mando de la videoconsola; algunos sentados todas las tardes en el mismo banco del mismo parque, otros estudiando a diario en la biblioteca y otros compitiendo en pista con silla de ruedas. Muchos de los jóvenes tienen discapacidad psíquica, algunos hablan 5 idiomas y otros desconocen el castellano. Algunas jóvenes con hijos, muchos con familias comprensivas y otras creciendo recluidas en centros de menores. Jóvenes que creen en algún dios, otros que confían solo en sí mismos y algunos que ponen fe ciega en su cantante favorito.

Podemos seguir hasta casi el infinito.

Esas infinitas formas de vivirse como adolescente configuran algo muy difícil de aprehender porque es demasiado amplio y diverso.

Cuando eso ocurre nos resulta más fácil parcelar la realidad a golpe de categorías (“los jóvenes”) y subcategorías (“jóvenes responsables” y “jóvenes despreocupados”; “jóvenes conformistas” y “jóvenes luchadoras”; etc.).

Este proceso es necesario pero corremos el riesgo de estereotipar y crear profecías autorrealizadas.

 

«Tratadme todos como X y seré X al cuadrado»

 

Para analizar la juventud en lugar de utilizar categorías estancas e inmóviles, proponemos utilizar otras herramientas que consideramos más útiles, generalizables e inocuas.

Pensemos en procesos.

Por ejemplo, ¿qué es lo que hacen todas y todos los adolescentes a diario?           

Construirse como mujer o construirse como hombre.

Nos centraremos por lo tanto en su proceso de sexuación, que no es ni más ni menos que el proceso por el que cada una y cada uno se construyen en mujeres u hombres, cada cual a su manera. Este proceso empieza antes del nacimiento y nos acompaña hasta la muerte.

Si nos centramos en la adolescencia y en la juventud muchos son los factores que condicionan el proceso de sexuación. 

 

Para lograr todo ello hemos de sumergirnos de lleno en los jóvenes […]