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¿Para qué educamos?

Me apasiona la innovación educativa, probar distintos formatos metodológicos, así como curiosear las tecnologías de la información y la comunicación.

No obstante, creo que conviene no perder el horizonte, pues son medios, no son fines en sí mismos.

Todo ello se aplica con una finalidad. Nuestra normativa establece la finalidad de cada una de las etapas. Pero, sin querer ser pretencioso, estoy pensando en una finalidad más transcendente, menos centrada en el individuo y más en lo social. La finalidad última de la Educación, es decir, para qué educamos.

Quizá se preste a debate que, como meros funcionarios, debamos abordar semejante pregunta; pues de nosotros se espera que nos ciñamos a lo estrictamente normativo. Pero creo que, tanto si asumimos esa cuestión como si no, siempre vamos a tener una inmensa responsabilidad. Como docentes podremos ser motores de un cambio social a mejor, a peor o de seguir inútilmente anclados al para qué de sociedades pasadas.

Por todo ello, creo que es imprescindible que respondamos la pregunta: ¿para qué educamos?